Las tardes se deshacen lentamente al otro lado de la baranda y la luz, cada vez más tenue, borra los contornos de las cosas.
Ninguna habla. Sus miradas parecen seguir un punto perdido en la distancia, aunque da la impresión de que no estan mirando el paisaje, sino algo oculto detrás de él.
Hay en sus rostros una extraña calma, casi de secreto. Como si acabaran de recordar algo que nunca había sucedido, o estuvieran esperando que alguien regresara de un lugar del que quizá nadie había vuelto jamás.
Son mujeres asomadas a la barandilla, inmóviles, como si esperaran algo que solo ellas podían ver.

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